junio 28, 2024
Introducción. La pandemia de COVID-19 obligó al sistema educativo a pasar abruptamente de las clases presenciales a la educación remota de emergencia (ERE). La ERE tiene varios efectos negativos, incluyendo bajos niveles de aprendizaje y barreras de acceso a la educación para grupos vulnerables, entre los cuales se encuentran los niños migrantes. Metodología. Estudio cualitativo de carácter exploratorio descriptivo. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a 26 estudiantes de entre 6 y 11 años, y a 6 profesionales de la educación. El objetivo fue reconstruir la experiencia de estudiar de forma remota en una emergencia (ERE) durante el período 2020-2021, basándose en las perspectivas subjetivas de estudiantes de familias migrantes y profesionales de la educación pública. Resultados. La transición a la ERE fue compleja para estudiantes y profesores. Muchos niños tuvieron que estudiar en condiciones no óptimas, debido a fenómenos como el hacinamiento y la brecha digital. Por otro lado, los profesores observaron que los niños a menudo recibían poco apoyo de sus familias, debido a la necesidad de trabajar para sobrevivir y también debido al bajo nivel educativo de los miembros de la familia. Además, los profesionales entrevistados demostraron que brindaron un apoyo sustancial a sus estudiantes, tanto en términos de pedagogía como de acompañamiento. Discusión. La escuela cumple una función fundamental como espacio de socialización para los niños. De hecho, en la escuela aprenden a interactuar con otros grupos con diferentes tradiciones, costumbres o creencias. El proceso de aprendizaje en entornos presenciales arroja luz sobre las diversas realidades de los estudiantes y permite a los profesores reconocer los trastornos que afectan al aprendizaje de los estudiantes. Como resultado de la ERE, los niveles de aprendizaje de los estudiantes disminuyeron claramente. La pérdida fue tanto aguda como generalizada, lo que demuestra que la asistencia en persona es irremplazable, ya que permite contrarrestar los efectos de un deterioro en el ritmo de aprendizaje. La situación es especialmente preocupante dado el importante papel que puede desempeñar la escuela en la adquisición de competencias por parte de un niño, lo que a su vez determina una gran parte de las trayectorias de vida. Sobre la base de lo anterior, el apoyo de los profesores y la familia es clave para fortalecer el compromiso escolar y promover la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo. Conclusiones. El período de crisis de la COVID ha sido uno de los más desafiantes en el campo de la política educativa chilena. En cuanto a la población migrante, el contexto de la COVID-19 simplemente reveló una realidad que había permanecido oculta. Más allá de la pandemia, es necesario desarrollar políticas educativas que enfaticen la interculturalidad y llevar a cabo iniciativas interdisciplinarias y basadas en redes que fortalezcan la participación de las familias en las trayectorias educativas de sus hijos. El Trabajo Social puede hacer una contribución significativa en este sentido, a través de intervenciones y la prevención de la exclusión educativa, así como la posible deserción escolar.